¿Sabías que antes, cuando se usaban las medidas costumbristas en el territorio Colombiano, era común que se midieran las cosas a vista de ojo?

Muchas de las mediciones que se realizaban desde la época colonial y hasta finales del siglo XIX se hacían con unidades de medida costumbristas, pero además, en muchos casos el “método de medición” era a ojo.

¿Qué dimensión tiene hoy en día una propiedad cuya extensión se encuentra registrada ante una oficina de catastro, no en hectáreas sino en fanegas? ¿Cómo sabrías en dónde empieza y en dónde termina el terreno (linderos) de esta propiedad?

Como lo hemos explicado en nuestro artículo sobre las medidas costumbristas, la mayoría de estas unidades de medida usadas en el pasado en el territorio de Colombia no tienen un valor exacto y, por eso, es muy difícil responder a las preguntas que inicialmente planteamos. Sin embargo, esa no es la única razón por la cual es tan complejo determinar hoy en día la medida exacta de las propiedades que se encuentran registradas en Colombia y cuyas superficies o áreas están definidas a través de unidades de medida costumbristas.

Un segundo factor, que hace aún más compleja la labor de determinar las equivalencias de las medidas costumbristas con el Sistema Internacional de Unidades (metros, kilómetros, hectáreas), es que en el pasado, cuando se realizaba la labor de medición, la mayoría de las veces no se usaba un instrumento de medición, como la cinta métrica que hoy en día usa un topógrafo o un albañil, sino que se realizaba la medición a “vista de ojo”; es decir, que la medición era aproximada y determinada por la percepción visual del individuo que medía.

En esa época, además, en algunos casos se realizaba la definición de la extensión de una propiedad a “cuerpo cierto”,  se señalaban unos límites a través de objetos de la naturaleza y, con base en estos, se determinaba la superficie o área de la propiedad. Para entenderlo mejor, imagínate una hacienda cuya extensión estaba determinada por límites como un río, un cerro, un camino, o estos se establecían utilizando referentes, tales como una piedra, un árbol, una casa, etc.

 

A lo anterior, podríamos llamarle el “método de medición” acostumbrado en la época para determinar linderos de una propiedad, ya que, usualmente los interesados recorrían la propiedad y determinaban a vista de ojo y por cuerpo cierto, la extensión y linderos de la misma. Este “método de medición” se distanció de las capacidades metrológicas de la época pues ya existían otras formas para realizar medidas con menor margen de error.

Estos factores hacen que hoy en día, desde el INM, veamos la tarea de asignar equivalencias entre las medidas costumbristas y el Sistema Internacional de Unidades para determinar las dimensiones reales de estas propiedades, como un ejercicio complejo, pues esta conversión puede ser totalmente errónea debido a la inexactitud de las unidades de medida costumbristas, sumada a los “métodos de medición” usados en esa época para la titulación de los terrenos. Al final, es necesario determinar los linderos y, si es el caso, realizar una nueva medición de los terrenos como única opción para conocer su extensión, y resolver el problema que, no es de superficie, sino de alinderamiento.

Todo lo anterior es de nuevo una demostración de la altísima importancia que la metrología tiene en nuestra sociedad y el aporte que esta ciencia hace al desarrollo de nuestro país.