Conclusiones finales sobre la búsqueda de equivalencias entre las medidas costumbristas y el Sistema Internacional de Unidades (SI) que usamos hoy en día en Colombia.

Se analizaron varias posibles soluciones entre metodologías y procedimientos estadísticos según su capacidad para resolver el inconveniente derivado de las necesidades de la ciudadanía y se ha llegado a una conclusión definitiva.

Luego del trabajo realizado al interior del INM para buscar soluciones que resuelvan los conflictos atribuidos a la falta de equivalencias entre las unidades de medida costumbristas y el Sistema Internacional de Unidades (SI), hemos llegado a unas conclusiones definitivas alrededor de la oportunidad, la pertinencia y las metodologías analizadas, dadas las circunstancias que generaron originalmente el análisis.

Es importante tener claro que el requerimiento de establecer equivalencias entre los dos tipos de unidades de medida proviene de la necesidad de definir la extensión real de unas propiedades que se encuentran registradas en el catastro nacional y cuyas áreas están expresadas con unidades de medida costumbristas.

Teniendo en cuenta lo anterior, las conclusiones del análisis son las siguientes:

  1. Los resultados obtenidos a partir de las metodologías aplicadas para obtener equivalencias no son confiables.

Como lo describimos en nuestros artículos anteriores sobre las metodologías analizadas para establecer equivalencias, estas no generarían resultados confiables debido a que, en muchos casos, los “métodos de medición” utilizados eran a vista de ojo, por lo que incluso, si las medidas hubiesen sido expresadas con el sistema métrico, estas tendrían resultados no replicables y con una alta incertidumbre. A lo anterior se le suma que las unidades de medida costumbristas no tenían valores constantes, pues hay documentadas estimaciones distintas de las mismas medidas en diferentes épocas y regiones. Por ejemplo, lo que se denominaba como vara podía representar entre 70 cm y más de 90 cm, lo que genera una incertidumbre superior al 10%, que en metrología se considera un nivel de incertidumbre demasiado elevado para usarlo como valor convergente de referencia, lo que quiere decir, como un valor que pueda ser utilizado en cualquier terreno.

  1. Aunque se hallen equivalencias entre las unidades de medida costumbristas y las del SI, estas no ayudarían a resolver el problema.

Luego de realizar el análisis de las metodologías para establecer equivalencias, se han detectado varios factores que nos dejan ver que la definición de equivalencias no ayudaría a resolver el problema de determinar las áreas reales de las propiedades. Esto es más fácil de entender si revisamos un ejemplo de la vida real:

Un propietario de la costa caribe, cuya propiedad está registrada con medidas costumbristas, presentó recientemente una solicitud para que su propiedad quede registrada con el Sistema Internacional de Unidades que usamos hoy en día. Este propietario cuenta con copias de mapas originales del siglo XVIII y en las escrituras están definidos los linderos.

 

Luego de analizarlo, se encuentra que los datos que están descritos en la escritura (manuscrito) y el mapa original difieren totalmente; es decir, el mapa original parece no haber quedado fiel a la realidad. Además, en el INM realizamos el análisis de la escritura pública, según la cual la propiedad tiene 33 fanegadas y 16.5 almudes y, mediante cálculos geométricos basados en los planos y la descripción de la escritura, se estimó que el área es de 6 869 649 v2 (v = vara) que equivalen a 686.96 fanegadas. Una fanegada se define como un cuadrado de 100 v * 100 v = 10 000 v2. (Los planos actuales son de base cartográfica elaborada por el IGAC y el modelo digital de terreno fue elaborado a partir de imágenes SRTM de la misión NASA en el año 2000, mientras que el plano histórico pertenece al Archivo General de la Nación – Colombia, Sección: Mapas y Planos, Mapoteca 4).

Realizando un ejercicio de equivalencia para dichas unidades costumbristas, bajo el supuesto de que existiera una medida equivalente que permitiera reconocer la extensión del terreno bajo el Sistema Internacional de Unidades y conservando los mismos linderos definidos para esta propiedad, usamos un valor referente de vara de acuerdo con las definiciones que de esta unidad de medida se utilizaron para la época de escrituración de esa propiedad. La operación sería la siguiente:

Valor referente de una vara (equivalencia más probable) =  82 cm

Usando la geometría de los planos se obtiene un total de 6 869 649 v2, aplicando el factor de conversión:

6 869 649 v2 *(0.82 m / 1 v)2 = 4 619 151.94 m2

4 619 151.94 m2 * (1 ha/ 10 000 m2) = 461.92 ha

Según esta conversión la propiedad contaría con un área menor a 500 hectáreas; sin embargo, al analizar los linderos de la propiedad a través de la tecnología con la que cuenta el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) para medir la extensión de las propiedades, la extensión real de esta propiedad dista bastante de las hectáreas resultantes de la conversión de unidades de medida costumbrista a las del Sistema Internacional de Unidades, ya que, teniendo en cuenta que la finca está perfectamente delimitada, el IGAC realizó la medición, la cual da como resultado un área de 18135,69 hectáreas. 

Como se puede ver, los valores generados basados en equivalencias con las unidades de medida costumbristas son totalmente imprecisos y difieren enormemente. 

El caso anterior evidencia que la definición de equivalencias no resuelve el problema. Algunas de las razones por las que se presenta esta situación son:

  1. Divergencia del origen del concepto de unidad de medida, como lo explicamos anteriormente en nuestro artículo sobre el problema de las unidades de medida costumbristas. Esto generó que los valores de las unidades no fueran iguales en diferentes regiones del país, partiendo de que el problema provenía ya de España en donde las unidades de medida tuvieron diferentes valores, según la región y la época.
  1. Imprecisión en el método de medición. Muchas de las mediciones en el pasado se hicieron a vista de ojo, por lo que en estos casos se evidencia que en realidad no se hicieron mediciones.
  1. La “propiedad” de la tierra, entendida como terrenos con unos linderos y extensión definidos, solo se presentó a partir de mediados del siglo XX, luego de que la Misión Kemmerer (grupo de expertos contratados por el gobierno) señalara la importancia de elaborar planos prediales para reconocer la extensión, área y otros detalles topográficos de las propiedades. Antes esto no ocurría y, en algunos casos, como existían muchos terrenos baldíos alrededor de las tierras tituladas, estas podían expandirse sin control.

Además de lo anterior, en la resolución conjunta número 1732 de 2018 del IGAC y la Superintendencia de Notariado y Registro se establece que la definición de áreas reales de propiedades debe hacerse con base a su medición actual. Por tanto la equivalencia con las medidas costumbristas no sería pertinente.

Todo lo anterior nos lleva a concluir que la posibilidad de encontrar una equivalencia o una correspondencia de manera convergente y que aplique para resolver los problemas que se presentan en la actualidad, no es factible. Tras nuestro análisis, la solución de fondo es definir con claridad los linderos de las propiedades, ya que por más antigua que sea una escritura pública, si los linderos están bien definidos, lo pertinente sería medirla con las unidades trazables al Sistema Internacional de Unidades y con la tecnología del IGAC y así, registrarla en el catastro nacional usando las unidades propias de la normatividad vigente.

En el INM estamos comprometidos con el aseguramiento de la calidad de las mediciones para el desarrollo científico y tecnológico de nuestro país.